Ir al contenido principal

Introducción

Como vine al mundo: a medias inocente, a medias quejosa. En reclamo, en observación constante. Desnuda.
Desnuda de alma, que es más desnudez que toda la que se puede alcanzar con el cuerpo. Desnuda de juicios, prejuicios, preconceptos. Desnuda de esperanza, y en el fondo, esperanzada. Desnuda en la libertad, que cuando es de verdad, está infectada de miedo, de incertidumbre, de territorios inexplorados que aterran.
Si pasás por acá y te molesta mi desnudez, seguí de largo. No pasa nada, ni para vos ni para mí. Si te identificás, quedate, acercate, aportá tu punto de vista, interactuá. Es valioso, es nutritivo, es inesperadamente enriquecedor para todos. Si ni fu ni fa, te invito a que atravieses la indiferencia, y por ahí, mágicamente, sucede algo, aunque más no sea el enojo. Bienvenido lo que sea que te pase: si te pasa algo, estás vivo, estás viva. Aunque no te atrevas a desnudarte.
Desnuda. Sé qué habrá días de extremo frío, o de inusitada aridez. Otros en que el sol me quemará de adentro hacia afuera, teñirá primero mis sentidos y mis impresiones, y luego mi piel. Pasará de todo. También pasará nada. Estoy lista, o creo estarlo.

Veremos. Pasean y lean.

Comentarios

  1. ¡Felicitaciones por este nuevo emprendimiento! Te estaré siguiendo como fiel admiradora de tu escritura.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Lucky Luciano

Lucky Luciano fue un problemático señor en los albores del siglo XX en los Estados Unidos. Ejerció la paternidad de una de las familias criminales más renombradas judicialmente, los Genovese, y aunque fue procesado y encarcelado por proxenetismo, por allí también se cocían habas así que terminó exonerado, viviendo tranquilamente fuera del territorio americano, una vez firmados los acuerdos de la Segunda Guerra Mundial. En mi barrio yo también tengo un Lucky Luciano. A la vuelta de mi casa, más precisamente. Este acicaladísimo señor, de anteojitos redondos, contemporáneo corte de pelo y look atildado de "creeme que sé de qué se trata la vida", no es mafioso. Para nada. Al menos, por ahora no hay indicios vehementes, como dicen en los tribunales. Lucky Luciano se presentó esta mañana en mi casa. Manito en bolsillo delantero del jean borravino, y en la otra, el celu. Mi timbre no funciona, cosa que no me preocupa en lo más mínimo, porque suele desalentar a los que llegan co...

El ruido del tiempo

Cuánto término nuevo, cuánto estado de conciencia relativamente original para asimilar y al cual adaptarse. Y en qué breve tiempo ha acontecido, que casi no hemos tenido siquiera el reflejo de respirar entre una transformación y la próxima... Hace un tiempo, dejé en mi muro de Facebook una pregunta aparentemente inocua, simple, que muy pocos tuvieron el impulso de contestar, o la curiosidad por indagar acerca del concepto. Pregunté: ¿qué es para ustedes la obsolescencia programada? Los pocos que respondieron, por supuesto, acertaron -o googlearon correctamente-, o tienen hijos millennials a los que les escucharon hablar del tema. A mí me introdujo en el asunto mi hija Lola, que con la concisión de un especialista me explicó que se trata de una cualidad que los objetos traen desde su origen: tienen una expiración predeterminada. No es "lo que dure": "tiene" que durar un tiempo en general corto, lo cual está previsto de ese modo, para hacer funcionar aceitadamente l...

La otra grieta

Una grieta es una herida de continuidad. Algo se rompe en la homogeneidad, y de repente aparece esta interrupción, a veces profunda, a veces superficial, que obliga a detenerse, a asomarse a este nuevo escenario partido; a mirar qué esconde esa lastimadura. Los argentinos hemos asumido esa palabra con la naturalidad con la que se ceba un mate, o se pide una medialuna (o dos) con el café con leche de la mañana. El concepto grieta ha sido incorporado a nuestro ADN en los últimos años, y ya no hay sujeto que porte documento que ignore el contenido -que es historia reciente y también presente- del término. Esta es nuestra falla de San Andrés, sin duda alguna. Por encima de ella vivimos -o hacemos de cuenta que-, y por debajo, las placas tectónicas del resentimiento colectivo, a uno y otro lado de la honda rajadura, se mueven sigilosamente. Nadie podría decir hasta dónde llegaremos, en qué desembocará, si habrá una tragedia de día único, o si la tragedia es esto que estamos experimentan...